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Tras dos semanas de programación, al filo de la medianoche de este jueves, ha finalizado la 45 edición del Festival Internacional de Teatro de Badajoz con una cifra de espectadores que supera los 4.000, dejando «un balance positivo» para la organziación.

De entre los espectadores, a diario han asistido casi un centenar de abonados, además de un total de 400 jóvenes, gracias al programa Festival Joven concertado con los institutos de la ciudad.

Como novedad, en esta edición el público abonado ha votado su espectáculo favorito para otorgar el Premio del Público del 45 Festival Internacional de Teatro de Badajoz. La función ganadora ha sido Cabezas de cartel, de la compañía castellanoleonesa Perigallo Teatro, un texto de creación colectiva de sus intérpretes que hacía una autocrítica sobre el mundo del teatro.

En cuanto a las quince obras programadas, destacan dos de los montajes que han pasado durante esta edición, los estrenos de las coproducciones extremeñas en el festival. En primer lugar, Jerusalem, de Teatro del Noctámbulo que abrió el certamen con un texto impresionante que llenó el Teatro López de Ayala. Posteriormente, Falamos?, de la compañía de danza María Lama. Dos montajes bien distintos que congregaron un gran número de público.

La dramaturga y directora María Velasco fue la protagonista del taller celebrado del 21 al 23 de octubre ‘Desaprender a vivir. Aprender a contar. Semillero de nuevas historias, obras, performances’, una propuesta abierta a la participación de personas interesadas en la dramaturgia escénica, dirección escénica e interpretación.

La incansable búsqueda del director artístico Eugenio Amaya ha permitido que en esta edición se haya podido disfrutar de montajes internacionales como el de las argentinas Piel de Lava en Petróleo, que como curiosidad para poder actuar en Badajoz han tenido que construir la escenografía en los Talleres El Molino de Santa Amalia debido a la dificultad de trasladarse con ella. Otra de las sorpresas ha sido la de las alemanas Still Hungry que han representado Raven, obra protagonizada por unas actrices acróbatas que han aportado una visión divertida, pero a la vez crítica, de la conciliación laboral y familiar para las mujeres. Por último, los portugueses de La Formiga Atómica han puesto en escena una original función con la utilización de un teatro de objetos para transmitir un tema tan delicado como la muerte: La caminata de los elefantes.

En un repaso por otras de las representaciones del festival hay que hacer mención especial sobre el teatro infantil con la original puesta en escena de la obra de calle Poi, en el Paseo de San Francisco. Todo un descubrimiento sobre las inmensas posibilidades de una peonza para encandilar al público.

Sorprendidos con las revelaciones aportadas por Las hermanas de Manolete,  una obra que refleja una época donde las mujeres eran meros objetos y cuyas historias quedaron sepultadas en el olvido. También una mujer, en este caso periodista, ha sido la protagonista de La infamia, una obra de teatro documental, en la que, de forma desgarradora, se narra el caso real de la mexicana Lydia Cacho que se enfrentó a las torturas y la persecución por denunciar la corrupción más execrable. Otra reflexión sobre la violencia sobre las mujeres llegaba de la mano de Una vez, una casa.

Los jóvenes, y sus dificultades generacionales han quedado retratados en dos montajes. Por un lado, en Prime, el cristal y la hiena, la compañía extremeña El Avispero Producciones proporciona una visión crítica desde el thriller con un marcado giro dramático para darle a esta función una emoción final inesperada. Por otro, la obra que ha clausurado esta edición Cluster, un retrato de una generación a la deriva.

 

El humor delirante con la comedia enloquecida y absurda en Espejismo. Metamorfosis de una cucharilla, y las originales marionetas de la compañía hispano-belga, La Société de la Mouffette en Ovidia cierran este repaso por la programación.